El rincón tuejano

Victorio El Rus

En Tuéjar siempre han existido los pastores que han recorrido los montes del termino municipal palmo a palmo con el rebaño y, que sin duda, han formado parte de la historia de Nuestra Gente, por el conocimiento que tienen del mismo.

Victorio Martinez era uno de ellos, en 1969 nos escribió una pequeña  autobiografía cuando tenía 85 años y que relata muy bien el por qué del conocimiento de los montes que le sirvió para ser considerado por las autoridades de la época. Queremos desde esta humilde web, hacerle este homenaje y recordarle en esta sección incluyendo la misma.

 

 "A los trece años empecé a ir por los montes, llevando un rebaño de cabras, que es lo que existía en aquella época, en el año 1897, en compañía de mis hermanos Isidoro, Mariano y Marcial, cuyos rebaños eran de distintos vecinos de Tuéjar; apenas se pasaban los fríos juntábamos todos los rebaños, y sumaban un millar de cabezas. Salíamos de casa y regresábamos a los ocho días, sin olvidar en ningún momento a estos animales, llevando siempre una caballería asnal con la comida, haciendo noche en el propio monte y durmiendo, como antiguamente decíamos, “al raso”, encendiendo una hoguera, y al romper el día nos trasladábamos a otro lugar del monte; los tuejanos apenas nos veían, aunque fuera a larga distancia, comentaban: “Ya viene ‘la maná de los ruses’”. Al ser un servidor el mayor de mis hermanos, me nombraron “mayoral”, cuyo cargo lo desempeñé durante veintitrés años. Al desaparecer después de la guerra esta clase de rebaño, bien fuera por mi simpatía o quizás por conocer todo el monte paso a paso, me buscaron para acompañar a todos los ingenieros del Distrito Forestal, para enseñarles los montes, con el fin de señalar y marcar todas las subastas de pinos que anualmente se celebraban, yendo siempre como práctico y conocedor del término. Los ingenieros, al observar que mi información era tan detallada y exacta como los planos que llevaban, me tenían una atención extraordinaria y me felicitaban por los detalles que les daba tan concretos, con todas las aclaraciones oportunas y necesarias; por estas causas, y dándose perfecta cuenta de mi buena fe y voluntad demostradas en todo momento, me tenían toda clase de atenciones, dándome toda clase de facilidades, nombrándome todos los veranos vigilante de incendios."

 

 

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