El rincón tuejano

María Rosa, la escobera

 

Hay gente que pasa por la vida de puntillas, pero que, al discurrir por el pasillo de nuestra casa común que es este mundo, nos deja  un reguero de perfume. Pasan tan de puntillas que sólo nos enteramos de su existencia de casualidad, por su perfume a buena gente, a almas de Dios, a corazones amplios como las plazas de toros. Es un perfume que no se vende en tiendas y que sólo huele así en personas muy contaditas.

María Rosa, la escobera, mejor dicho, en Tuéjar más se la conoce como Mª Rosa , la monja, es una de esas personas que dejan el reguero de perfume que decía antes. La conozco de toda la vida . Aún antes de conocerla en carne y hueso mi madre y mi padre la mencionaban en casa, especialmente mi madre que para eso era amiga suya. Mª Rosa, la monja, la escobera, era una especie de personaje mitológico,  de leyenda, de esos que creemos que no existen en la realidad; pero que sí, que existía.

A sus setenta y dos  años conserva la lucidez de una persona  joven. Su vocabulario es rico, variado y lo usa con acierto como corresponde a una persona formada intelectualmente . Enlaza el discurso de tal manera que la respuesta a la pregunta más simple se convierte en todo un tratado de la filosofía que no se aprende más que en la vida. Cuando te vienes a dar cuenta no sólo ha pasado una hora de conversación sin tener la sensación de que han pasado los 60 minutos, sino que además te notas con la boca abierta escuchando la historia de su vida, de la vida de la Selva peruana( pero la Selva de verdad, no la de Moogli y Baloo) a donde la llevó su vocación de misionera allá por el año 1964. En un principio, año 64, repito, ella se despidió de todo y de todos pensando que ya nunca volvería a ver su tierra ni sus gentes. Afortunadamente volvió varias veces para contarnos cómo era aquello, para dejarnos otra vez su historia y sus recomendaciones y para recaudar lo que pudiera para su misión . Por cierto Mª Rosa pertenece a la COMPAÑÍA MISIONERA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, lo digo porque si alguno de los que lean esto quiere echar una manita en forma de óbolo, donativo, pues al BANCO SANTANDER CENTRAL HISPANO 0049 5134 33 2516348580

Si la sacas por la conversación de su terreno natural, de su Selva, te lleva a un análisis de la sociedad occidental de tal brillantez que los políticos que tenemos se quedan a un nivel de guardería infantil y eso los más despiertos, que la inmensa mayoría , ni te cuento. En su análisis pone el dedo en la llaga de la pérdida de valores en una sociedad tan materializada y materialista como la actual en donde las necesidades materiales están cubiertas por exceso en las generaciones de los que actualmente somos padres y que fuimos aquellos hijos de aquellos otros padres que tuvieron como principio fundamental el de darnos a sus hijos aquello de lo que ellos habían carecido y claro, pusieron el listón tal alto que a su vez nosotros hemos elevado el concepto de lo necesario para ser feliz respecto a nuestros hijos hasta el absurdo . Éstos poseen tal cantidad de bienes, consiguen sin esfuerzo tal cantidad de beneficios que han perdido la referencia del valor del mismo. Y la verdad, Mª Rosa, tienes más razón que un santo ,o mejor, que una santa.

Echa de menos su Selva ( y escribo Selva con mayúscula porque para ella no es nombre común, es el nombre propio de su casa, de su pueblo, de su localidad; así que como Tuéjar lleva mayúscula por nombre propio, Selva, en la acepción de Mª Rosa, es nombre propio también. Tanto echa de menos su Selva y a sus hermanos que , cuando mira la Mataparda o mira hacia los Campillos o pasea por la carretera o va a la ermita, se despide de todo y de todos porque quiere que la Selva sea su sepulcro. Así de clarico, y lo va a dejar escrito para que no haya dudas. Está convencida de que éste es su último viaje a Tuéjar . Desde la ventanilla de su último viaje nos manda su “ Hasta pronto o hasta nunca ; o mejor dicho: hasta siempre, me voy con mis hermanos” con aquellos con los que comparte pobreza material y riquezas de valores: de amistad de solidaridad y que entienden la vida como el discurrir lento del Río ( también con mayúscula).

María Rosa, la escobera, María Rosa, la monja: hasta siempre.

 

 

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