La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen

Patrona de Túejar y España

 

La Purísima

Origen de la fiesta y del dogma

Ya en el siglo II saludaba san Ireneo en la Madre de Jesús a la nueva Eva.

Aunque algunos dudas de la autenticidad del documento, en el siglo VII, y por obra de San Ildefonso, Arzobispo de Toledo, ya se celebraba la fiesta de la Concepción Inmaculada en España.

También en el siglo IX, como aparece por el calendario de mármol de Nápoles, que reza: «Día 9 de diciembre, la Concepción de la Santa Virgen María». La fecha de la celebración (la misma en que la celebran los orientales) indica que la fiesta transmigró de Oriente, con el que mantenía intensa relación comercial Nápoles. No es ésta la única constancia que queda de la celebración litúrgica. Por los calendarios de los siglos IX, X y XI sabemos que se celebraba también en Irlanda e Inglaterra.

Hay constancia escrita de que a principios del siglo XII se celebraba solemnemente la fiesta de la Inmaculada en todo el antiguo Reino de Navarra y en los pueblos de la Corona de Aragón.

Ante Sixto IV, y nos hallamos en el siglo XV, se sostuvo otra disputa entre el dominico Bandelli y el franciscano Francisco de Brescia sobre la pureza de la inmaculada concepción de María; la victoria de éste fue tan rotunda, que la Asamblea se levantó aclamándole y empezó a celebrarse la fiesta de la  Concepción Inmaculada de María en toda la iglesia de occidente en 1483.

Y de triunfo en triunfo, llegamos al Concilio de Trento, en el siglo XVI, que, al hablar de la universalidad del pecado original, aunque no define el dogma de la excepción de María, significó su opinión con estas palabras: «Declara, sin embargo, este santo Concilio que, al hablar del pecado original, no intenta comprender a la bienaventurada e inmaculada Virgen María, sino que hay que observar sobre esto lo establecido por Sixto IV». Las palabras del Concilio fueron decisivas para la extensión de la doctrina inmaculista y no tardó mucho en ser opinión universal.

 La contribución de España al triunfo del Dogma de la Inmaculada Concepción fue también decisiva para la proclamación del mismo. Después que Felipe V pidiera en 1713, a través de las Cortes de Aragón y Castilla, haciéndose eco del sentir del pueblo, la declaración del Dogma, al pontífice Clemente XI, sin obtener respuesta positiva, insistió nuevamente en 1732 con el apoyo de casi todos los obispos de España, las universidades y las órdenes religiosas, esta vez al papa Clemente XII.

 Pasa el tiempo y 28 años más tarde, exactamente el 8 de Noviembre de 1760, el papa Clemente XIII proclamó ante toda la cristiandad, por medio de la Bula Quantun Ornamentun, Patrona de España, las Indias y sus reinos a la Inmaculada Concepción. No obstante, ese año no se celebra la fiesta el 8 de Diciembre porque la noticia no llega a España hasta el 12 de Enero del siguiente año. 

Y el día 8 de diciembre de 1854, Pío IX ,en la Basílica de San Pedro, rodeado de la solemne corona de 92 Obispos, 54 Arzobispos, 43 Cardenales y de una multitud de gente , definía como dogma de fe el gran privilegio de la Virgen:

«La doctrina que enseña que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su Concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, es revelada por Dios, y por lo mismo debe creerse firme y constantemente por todos los fieles».

Por el énfasis de España a este dogma el Papa quiso que el monumento a la Inmaculada, después de su definitivo oráculo, se levantara en la romana Plaza de España.

. “La Purísima”, ha sido tomada como patrona de muchos pueblos y también  instituciones como el Ejército de Tierra y mas concretamente el Arma de Infantería y de los Cuerpos de Estado Mayor, Jurídico, Intervención, Farmacia, Veterinaria, Oficinas Militares, Eclesiástico y Geográfico del Ejército.

 

Bibliografía:

Pascual Rambla, O.F.M.,
Tratado popular sobre la Santísima Virgen;
Parte III, Cap. V: Historia del dogma de la Inmaculada Concepción.
Barcelona, Ed. Vilamala, 1954, pp. 192-210

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